DE AMISTADES Y OTROS HÁBITOS
Escrito por Isabel Jueves, 17 de Mayo de 2012 15:28
Querer las mismas cosas y no querer las mismas cosas, esa, en el fondo, es la verdadera amistad
(Salustio)
En general creo que todos hemos oído alguna vea que los verdaderos amigos se pueden contar con los dedos de una mano. Creo que es una gran verdad como lo es que a lo largo de nuestra vida muchos se van quedando en el camino.

A veces me he preguntado cómo se crean las amistades, a una edad ya madura (digamos a partir de los 30 años) pero los motivos pueden ser tantos como las personas: afinidades culturales o de otro tipo, confianza, comprensión, simpatía y admiración mutuas que no se pueden explicar, lealtad, virtudes y/o defectos en común…
Tener amigos es, aparte de tener buenas relaciones familiares, muy gratificante: que cuenten contigo para salir, para pedirte consejo o desahogarse o simplemente por el placer de unas horas de agradable conversación. Y cuando las relaciones con la familia no son demasiado buenas o directamente malas y/o inexistentes en un buen amigo podemos encontrar compañía, apoyo, colaboración y respeto.
Por lo mismo, hay que evitar a toda costa las amistades tóxicas o malas nos dañan. Agotan emocional, mental y físicamente, favorecen los malos hábitos, maneras de pensar sobre uno mismo poco saludables y dañar seriamente nuestra autoestima. Y es curioso porque observo a mi alrededor algún caso que otro de este tipo de amistad y no doy crédito.
Volviendo al tema: en mi caso tenía muchas amistades de joven (cuando más fácil es hacerlas), luego me casé, muy joven también y poco tiempo tuve de cultivar y mantener las adquiridas en aquellos tiempos. Las que tengo ahora son gente que he conocido en el trabajo o por medio de otros.
Todo esto viene a cuento por el desencuentro que hemos tenido S. y yo, hace ya bastante tiempo, con unas amigas a las que queríamos y queremos mucho. Las llamaré Cati y Rosa.

S. era amiga de hacía tiempo de Rosa y en un momento dado nos conocimos el resto. En realidad no teníamos mucho que ver. S. y Rosa sintonizaban entre ellas muy bien al igual que Cati y yo. Y S. mantenía un poco las distancias con Cati como yo con Rosa. Pero las cuatro hemos pasado bastante tiempo juntas, yendo a comer, al cine, a tomar un café.
Cati me encantaba por su cultura y terrible sentido del humor, difícil de entender (por ejemplo por S.) si no tienes el mismo y sentía la misma pasión por los libros que yo. Rosa me caía muy bien pero era demasiado “buena” en mi opinión. A los problemas les daba veinte mil vueltas sin llegar a ninguna conclusión y eso me ponía de los nervios.
Las dos eran ecologistas convencidas hasta el punto de que cuando comían en casa se llevaban las botellas vacías y cartones o papel para reciclar porque sabían de sobra que nosotras no lo íbamos a hacer; solían hacer excursiones o viajes en una furgoneta adaptada a tal fin (cosa que S. y yo, ni locas); eran demasiado miradas con el dinero (nosotras nada, cuando lo tenemos).

En definitiva no éramos “almas gemelas” pero, en mi opinión, los frecuentes encuentros que teníamos eran muy agradables y los propiciábamos a menudo. Incluso creo que nosotras nos adaptábamos mejor que ellas a las diferencias que había, “cediéndoles” el paso cuando creíamos que debíamos hacerlo.
Por ejemplo, hicimos un viaje a Londres de una semana y yo, que siempre me encargo de esas cosas, dejé la organización en manos de Cati aún a sabiendas de lo que iba a pasar: en mi vida he estado en un hotel tan espantoso (y barato, claro) como aquel, ni comido tan mal. Pero yo sabía cómo son o eran y con tal de hacer el viaje juntas me dio igual y me lo pasé estupendamente.
En el siguiente viaje que hicimos, a Hull, la situación se solucionó sola: ellas se fueron a casa de un familiar y nosotras a un hotel divino de la muerte, al lado del muelle, con vistas al mar y a los barquitos.
En este viaje también debo decir que Cati, que era la que conducía, se comportó de maravilla: nos (me) llevó a ver la casa de las Brönte, nos pasábamos horas en las librerías de los pueblos o ciudades, ante la desesperación de S. y Rosa, que nos esperaban en la calle con cara de malas pulgas. No olvidaré esos dos viajes en la vida.
Pero llegó un momento que dejaron-dejamos de llamarnos y pasó, quizás, un año. Al cabo de ese tiempo las llamé para invitarlas a un evento familiar que, no se me olvidará, fue en sábado. Fueron. Al sábado siguiente estuvieron cenando en la casa del pueblo y hasta ahora.

S. es más dejada pero a mi me daba pena la situación y crucé varios correos con Cati, incluso preguntando qué les pasaba con nosotras. Me contestaba con arte dándome de capotazos y saliéndose por la tangente, hasta que me enfadé y le dije que hasta aquí habíamos llegado.
Las echo mucho de menos y me hubiera gustado saber qué era lo que les pasaba, que habíamos hecho mal, que hablando se entiende la gente, pero creo que a estas alturas ya no será posible.
El fin de una amistad puede significar para algunas personas un fracaso en el ámbito afectivo, que conduce a una auto recriminación por la falta de comprensión o los errores que se cometieron. Pero a mí me falta pasar por esta etapa porque no sé que ha pasado, que he/hemos dicho o hecho para ese alejamiento
Una pena porque yo, sigo echándolas de menos.
EN EL CIELO: EN EL ROCIO Y CON CALOR
Escrito por Isabel Martes, 15 de Mayo de 2012 19:16

Aprovechando que el 15 de mayo es fiesta en Madrid, el viernes salimos para El Rocío. En la casa, que nuestro grupo rociero tiene alquilada para todo el año, no esperábamos ver a nadie, ya que el "puente" era solo en Madrid, pero nos encontramos con unos nuevos "dueños" encantadores: un matrimonio joven, encantadores, de Huelva y con una niña de 1 año que es un cielo. Y nos quedamos un poco pa'lla porque íbamos buscando tranquilidad y playita ya que queríamos desconectar un poco y aprovechar que los pronósticos daban casi 40º.

