MI PARTICULAR CAMINO

Dicen que el camino es malo, que hay que dormir en el suelo, y yo digo que el camino hace buenos rocieros

Dicen que internet engaña, que no te puedes fiar, pero yo digo que he encontrado los mejores compañeros.

Aqui os dejo un testimonio de Ricardo Ruiz

 

MI PARTICULAR CAMINO

de Ruiz Ricardo, el Lunes, 27 de diciembre de 2010 a las 17:23

El camino que yo viví (20 de febrero de 2008), fue de una madrugada en la que mis vías respiratorias no querían hacer su trabajo, eso me produjo un estado entre sueño y realidad en dos dimensiones que entre ellas unían diferentes circunstancias de mi vida.

 

Ya por la mañana me notaba yo un poco revuelto.

 

Preparando la Carreta noté que chirriaban un poquito las ruedas, las engrasé bien.

Mi mujer me anunciaba que teníamos que ir a hacer la compra, no le quedaba casi nada, el “frigo” estaba completamente vacío.

 

La Hermandad nos anunciaba que teníamos que partir, después de escuchar Misa y con una plegaria por fandangos.

 

Cuando tiraba del carrito (hasta los topes) ya notaba mucha fatiga.

 

El terreno estaba muy blando y las ruedas se hundían en la arena, también las pisadas.

 

Cuando por fin conseguimos llenar el carrito a fuerza de comprobar ofertas y mas ofertas de esas de 3x2, nos dirigimos a la caja (hasta los topes de gente).

 

mi particular caminoYa por fin conseguimos subir las carretas junto con el “SIMPECAO” a la barcaza que nos debía llevar al otro lado, todos contentos y felices lo celebramos con un buen “rengue” entre Hermanos.

 

Después de esperar largas colas ya habíamos pagado (un dineral) y nos dispusimos a llevar las cosas al coche, al salir del “centro comercial” vimos que caía agua a mares, como estaba aparcado lejos dimos cuatro viajes cargando como podíamos con las manos y otra para el paraguas hasta conseguir meterlo todo dentro del maletero, la angustia me invadía completamente y mi respiración no encontraba ese aire tan preciado que se necesita para respirar bien.

 

Ya al otro lado del “Bajo Guía” con sudores, esfuerzo y mucha alegría a pesar de la lluvia DIVINA que caía sobre nosotros, conseguimos bajar todo y a todos de las barcazas, el “Alcalde Carretas” nos ordenó emprender la marcha, tamborilero briosamente nos marcó el compás de una “Sevillanita” alegre endulzada con su “flauta”, a medida que se avanzaba nos dábamos cuenta que las dificultades eran mayores, pero los corazones empujaban con FE las carretas apasionadamente.

 

Cerca del portal de mi casa no había aparcamiento lo que me obligó también a dejar el coche lejos, mi mujer que se daba cuenta de mi estado físico me dijo que ella llevaría las bolsas y yo el paraguas, yo que soy un caballero de pies a cabeza no lo permití y cargué más de lo aconsejado, a mitad de camino paré para tomar un poco de ese escaso aire a mis mermados pulmones y armándome de valor conseguí llegar al portal, meter las bolsas en el ascensor y volver para llevar el coche al lugar permitido, consiguiendo pronto un sitio algo lejos de mi casa.

 

De vez en cuando teníamos que empujar a las Carretas porque las ruedas se hundían en el fango un tercio de las mismas, fue una dura lucha hasta llegar a un pinar y allí nos hicimos fuerte, cenamos alegremente lo que cada uno traíamos, yo llevaba dos tortillas de patatas de esas que tienen un poquito de caldito por dentro, unas bandejas de jamón extremeño (de la tierra de mi mujer, Badajoz) y unos langostinos, además del vinillo, cervezas y refrescos (yo no bebo alcohol), por tanto nos pusimos como el “tio Quico”; después naturalmente se le cantó al SIMPECAO con mucha devoción y arte para meternos en nuestras tiendas y dormir reparadoramente.

 

De regreso a casa después de aparcar, casi no podía con los zapatos, con la boca abierta como cuando un pez se encuentra fuera de su elemento, me apoyé en un árbol amigo y a duras penas continué mi caminata; no podía mas, allí mismo en la acera encharcada me recosté sobre la pared; un hombre de mediana edad se acercó y me preguntó qué me pasaba y sólo pude decirle !!llame por DIOS a una ambulancia¡¡, el hombre con mucho nerviosismo llamó y en cuatro minutos estaba allí (vivo muy cerca de un hospital).

 

Amaneció y el cohetero nos despertó haciendo explotar magistralmente sus cohetes; nos dimos cuenta con mucha tristeza que las ruedas de las Carretas estaban hundidas por la mitad, pero como antes con mucha FE, coraje y alegría empujamos hombres, mujeres y niños y conseguimos sacarlas todas; emprendimos la marcha con muchísimas dificultades.

 

Ya metido en la ambulancia, con oxígeno reparador puesto, conseguí calmarme un poco pero respirando aun con mucha dificultad; había mucho tráfico pero pronto se divisaba la torreta del cartel de urgencias me dio un vuelco el corazón no se si de alegría o de esperanza.

 

Tras horas de caminar y tras una loma se divisaba el Campanil de la ERMITA, en nuestras caras se reflejaba esa alegría que da cuando eres consciente de que pronto vas a ver a TU MADRE, A LA BLANCA PALOMA, A TU REINA MARISMEÑA, A SU PARTORCITO DIVINO, los abrazos entre hermanos y hermanas se ofrecían sin timidez.

 

Ya dentro del hospital postrado en una de esas camas anatómicas que hay, con unos aerosoles puestos, cables por todo el pecho, una máquina conectada a mi desnudo cuerpo, una vía para algo de suero y para suministrarme medicación, sacarme sangre para la analítica; de propina un señor agonizante a mi lado, un hombre embriagado dando voces en el pasillo queriendo pegar hasta “el apuntador”, conseguí reponer fuerzas reparadoras que tanto y tanto necesitaba; rodeado de médicos, enfermeras y auxiliares me sentí mucho mas tranquilo y la esperanza se asomó a la ventana de este pobre Rociero que no dejaba de estrechar sus MEDALLAS que tanto y tanto quiere de LA VIRGEN DEL ROCIO y EL CACHORRO DE TRIANA.

 

Unas vez dentro del templo, arrodillado ante ELLA, con el corazón lleno de FE, un fuerte nudo en la garganta por la emoción contenida que pronto se convirtió en llanto para unos, rezos para otros y PAZ para todos, esa paz que se siente cuando te has dado cuenta que por fin LA tienes delante, que puedes ver SU CARA DE GITANA, que puedes hablarle como se le habla a UNA MADRE de TU a tu, que por fin le vas a contar aquello que tanto has guardado para ese momento, de ofrecerle la PROMESA cumplida y en definitiva de admirar de nuevo LA CARA de la que tanto quieres, de la que tanto te ha dado, de la que tan poco te ha pedido, de la que nunca te reprocha nada, de la que soporta tu cante porque sabe que lo haces con ese SENTIMIENTO que sólo tenemos los Rocieros, esa FE que es capaz de mover montes y ríos, de poder decirle !!GRACIAS PASTORA!!.

 

 

Perdonadme si se me olvidó algo, pues yo nunca hice el Camino en Romería

 

Os quiero

x2 (Ricardo)

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