Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad

LA MALA PATA

 

LA MALA PATA


Que la vida es imprevisible, ya lo sabemos. Que no se pueden hacer planes para mañana, tampoco. Que las cosas se tuercen en el momento más inesperado, también. Que me cachis en la mar salá, por descontado.


{mosimage}Todo lo anterior viene a cuento a causa de mi mala pata y que conste que no quiero hacer un chiste malo: que iba yo, como chica culta que soy, a comprar el periódico antes de entrar a la ofi y que se me engancha el pié izquierdo en un agujerito del suelo y que doy con mi esbelto cuerpo en el coche de al lado mientras mi zapato y el pié que lo contenía permanecen de forma rara en el mencionado bujerito.


Me levanto lo más dignamente que puedo, saco el zapato, cierro el coche y me dirijo dignamente, y cojeando, al puesto de periódico y luego al bareto de al lado para empezar mi rito diario y que más me gusta: un cafetito y un primer vistazo a las noticias del día.


(Tengo que hacer un inciso y dar las gracias a un grupo de obreretes que a esas horas (7 de la mañana) estaban descargando mercancía para un supermercado y que, entre la risa contenida y la cara de preocupación, corrieron a ayudarme. Gracias chicos¡).

Cuando llegué a mi despacho mi pie ya era el doble de lo que normalmente es y mi cara de dolor decía a las claras que mardita sea mi alma y mardito to lo que se mueve.


Resumiendo: que cogí un taxi, que me fui a urgencias, que me atendió un morenazo de muerte (menos mal que llevaba mis uñitas recién pintás, como podéis observar en la foto), que me hicieron unas radiografías y que me mandaron a casa con muletas y con un esguince de tipo 2.


Reconozco que soy muy mala enferma, quizás porque disfruto de una salud de hierro y la perspectiva siempre soñada de casi un mes leyendo, cocinando, escribiendo y demás me pone los vellos de punta.


 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar