AFRONTAR LA SILLA VACIA EN NAVIDAD
Última actualización el Martes, 20 de Diciembre de 2011 09:49 Escrito por Isabel Lunes, 19 de Diciembre de 2011 12:59
wiwichu a merry crismas wiwichu a merry crismas,
wiwichu a merry crismas an a japy niu yir...
Es muy frecuente oír en estas fechas: Detesto la Navidad; ojalá pudiera dormir y despertarme el 2 de enero… ya viene el fastidio anual, a ver por qué tengo que cenar con mi cuñado/a que detesto y que no nos hablamos en todo el año… etc. A mí nunca me ha “molestado” especialmente la época de Navidad. Cuando mis hijos eran pequeños y yo ya estaba separada siempre hacíamos un viaje fuera de España y de Europa (por aquello de buscar el calor), y nos montábamos la navidad a nuestra manera. Fue estupendo mientras duró. Luego ellos se hicieron mayores, tuvieron sus parejas y sus hijos y los viajes se terminaron, aunque siempre tengo la esperanza de que los que ahora son niños crezcan y tengamos el dinero suficiente para marcharnos de viaje otra vez. Los sueños, sueños son.
En mi familia somos bastantes frugales y no somos de exquisiteces a precio de oro en estas fechas como puede ser el marisco, el caviar o el jamón de pata negra, aunque en esta época se suele hacer algún exceso si nos apetece, es insignificante comparado, muchas veces, con otros almuerzos o cenas de cumpleaños que hacemos. También hace tiempo instauramos el “Amigo Invisible”, con lo cual nos quitamos preocupaciones de encima y no vaciamos la Visa.
Es por esto que la Navidad no es una época especialmente temible, y sí una oportunidad (que para mí no tiene precio) de tener a mis hijos y sus familias reunidos.
Si que puedo decir que detesto las aglomeraciones de gente comprando y la alegría, muchas veces ficticia, que puedes oir y ver cuando vas a algún sitio.
Dicho todo esto que parece perfecto e idílico, pues a veces no ha sido así, que no vivimos en una nube, jopé. Y este año va a ser posiblemente uno de ellos. Sin llegar al extremo del artículo que me ha dado la idea para este post , es cierto que en esta época se sienten mucho más todas las carencias que muchísima gente padece, ya sean de enfermedad, afectivas o económicas o todas juntas.

Por aquí no me vais a ver nunca. Palabrita del Niño Jesús.
El artículo que menciono y que da título a este post “Afrontar la silla vacía en Navidad” deviene de una conferencia dada por la Fundación Verde Esmeralda y el grupo ASV en Alicante la semana pasada que trata de la peor de las carencias: la muerte de un familiar, y que trata de ayudar a quienes se encuentran en esta situación. Es un artículo que me ha parecido especialmente interesante porque no sólo es la muerte la que “ocupa” la silla vacía. También son los familiares y amigos que, por la razón que sea, se alejan de nosotros y que nos causan aflicción.
El periódico El mundo ha entrevistado a la psicóloga Julia López Orozco, directora de la Fundación Verde Esmeralda, quien señala que "es imposible ofrecer recomendaciones concretas, porque cada persona debe afrontar la pérdida a su manera". Sin embargo, el psicoterapeuta sí puede "sugerir posibles caminos para facilitar la recuperación de una herida que, no sólo afecta a nuestros sentimientos, sino también a nuestro físico y a nuestra identidad en general".
El principal problema que se presenta en esta época del año para alguien con una pérdida reciente es que todos los estímulos externos (la decoración, la música, los adornos, la publicidad...) invitan a vivir la Navidad en compañía de la familia, a compartir con los demás y a expresar nuestra alegría. "Cuando una persona siente el dolor de un fallecimiento reciente, todos estos elementos entran en fuerte contradicción y hacen que la tristeza y la angustia se sientan de forma anticipada, sin que se sepa ni siquiera si se va a ser capaz de afrontarlo"
Según la experiencia acumulada por los psicólogos de la Fundación, una de las formas más comunes de abordar este conflicto es tratar de suprimir las Navidades. " También hay otras que deciden hacer algo muy distinto, un viaje a un lugar lejano, donde nadie les conozca y donde puedan hacer cosas totalmente diferentes a las habituales. Aunque ambas son decisiones proporcionan un alivio inmediato, según esta experta "llevan a postergar la recuperación, porque en algún momento tendremos que afrontar una primera Navidad sin ese ser querido y habrá un dolor acumulado. “Podemos posponerlo pero no evitarlo", añade.
Otra actitud que adoptan habitualmente las personas en duelo es la de hacer un esfuerzo para que el resto de la familia no sufra y todos puedan "sobrellevar" la Navidad. Esta "máscara" obliga a realizar un esfuerzo muy importante, que puede desembocar en la experimentación de mucha tensión y que se traducirá, una vez pasado el "mal trago", en agotamiento, irritación y ansiedad.
Entre las sugerencias ofrecidas por la psicóloga de la Fundación Verde Esmeralda destaca la afrontar esta celebración de manera creativa y distinta, contando con el apoyo del resto de la familia. Tratar de darnos el tiempo necesario, crear un espacio y unas condiciones que permitan a todos los miembros de la familia afrontar la pérdida de forma conjunta, sin negarla y expresando los sentimientos.
La Fundación Verde Esmeralda está especializada en el apoyo psicoterapéutico para la recuperación en el proceso de duelo. Según indica su directora, hay ocasiones en las que estos cauces se paralizan o se bloquean por deteminadas circunstancias ya que, "no porque pase el tiempo se va a curar la herida, sino que es necesario un trabajo para sanarla".
Cuando alguien muy cercano fallece, esto afecta a la persona a todos los niveles. "Nunca volveremos a ser los mismos, lo cual no quiere decir que seamos menos, sino distintos, nos obliga a replantearnos nuestras prioridades y nuestra visión de la vida. El problema es que muchas veces se ignora la necesidad de ese proceso de recuperación.
Por otra parte cuando alguien está pasando por toda esa rabia, esa soledad y vacio, no ayuda que le digan 'tienes que ser fuerte', 'el tiempo lo cura todo' o 'tienes que seguir adelante'".
Tampoco ayuda vivir en la sociedad de la rapidez y la inmediatez. "La gente que te rodea quiere que te recuperes lo más pronto posible, que vuelvas a ser el de antes y tú te das cuenta de que no puedes, que no tienes la misma energía que antes, al menos durante un tiempo". Esto genera, aparte del dolor, el sentimiento de falta de apoyo, incomprensión y de sentirse juzgado por los demás, añade más ansiedad y dificulta la recuperación.
Es necesario compartir, poder expresar las emociones, que el entorno te de el tiempo que necesitas, cómo ves el mundo, cómo vas a seguir adelante. También es importante aprender a disfrutar y no estar sometido a la tensión de 'tengo que ser, tengo que hacer, tengo que parecer', porque eso desgasta y nos lleva a padecer ansiedad y a somatizar.
OTRA CARA DE LA MISMA MONEDA:
EL Albergue de San Isidro en Madrid: Vidas truncadas que intentan levantarse e incluso reinventarse. Unos cargan la losa del paro; otros, la de la enfermedad o la adicción. Todos, la de la soledad. No se engañan, son conscientes de la realidad, de su realidad. El Albergue de San Isidro es su casa; el de la habitación de al lado, su familia. Poco más pueden añadir. Desterrar la tragedia diaria y buscar la sonrisa perdida es el objetivo de los responsables. «Sabemos las limitaciones con las que contamos, lo único que intentamos es relanzar sus ilusiones», cuenta la directora del centro, Carmen García de Pablos. Tarea difícil, pero no imposible.

A la izquierda, Isabel y Damián. A la derecha, Vítali.
(Fotos de Gonzalo Arroyo)
Dos casos de superación diaria: Isabel y Damián. A la primera, una orden de alejamiento que pesaba sobre su madre la llevó al albergue; al segundo, una separación y una posterior enfermedad que, a sus 59 años, le imposibilitan el acceso al trabajo. Situaciones dolorosas que no consiguen borrarles la sonrisa. Ambos han participado en los talleres donde se han realizado los adornos manuales de las instalaciones y en las múltiples actividades previstas para pasar estos momentos. «Va a ser complicado, pero hay que seguir. Aquí en el albergue hay un bloque muy compacto y generoso, y eso es de agradecer», cuenta Damián.
«No voy a mentir. Estar aquí no es la mejor forma de pasar las navidades, pero intento mirar hacia adelante». Habla Vítali, uno de los encargados de preparar la Nochevieja. Hace 11 años que llegó a España desde Moldavia. «Como muchos, quería comerme el mundo». Y se lo comió. Pero hace tres años se le 'cortó la digestión' y acabó en el albergue. No son sus primeras navidades en él, pero sí su primera noche de fin de año, salvo cambio de última hora. Hasta el momento siempre escapaba, huía del centro. Su refugio: la puerta del Sol. Confiesa que le encanta disfrutar del ambiente que se crea en esa noche mágica. Pero este 2011 será una excepción, no hay dinero: «Si voy, acabaré gastando lo que no tengo». Actualmente, trabaja de canguro y el resto del tiempo sigue buscando trabajo «de lo que sea: electricista, camarero, limpieza...».
http://www.elmundo.es/especiales/navidad/2011/cuentos/albergue.html

