KEVIN CARTER

«He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría... Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken...» (Kevin Carter)


"Cuando se ha perdido todo, cuando ya no se tiene esperanza, la vida es una calamidad y la muerte es un deber." (Voltaire)


 


Kevin Carter fue un fotoperiodista surafricano miembro del Bang Bang Club, nombre que puso un periódico de Johannesburgo a un grupo de fotógrafos y amigos (él mismo, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva) relacionados con las coberturas gráficas de los conflictos armados del Apartheid y por su especial manera de afrontar el peligro y esquivar las balas. Empezó su carrera como fotógrafo de deportes en eventos de fin de semana en 1983 para el Johannesburgos Sunday Express. Un año más tarde estaba trabajando para el Johannesburg Star cubriendo sucesos sobre el apartheid. Ese mismo año apareció la primera portada de Carter en Time.


Kevin Carter

Ken Oosterbroek


Carter fué el primer en fotografiar una ejecución pública en Suráfica a mediados de 1980. Más tarde habló sobre sus imágenes: " Estaba horrorizado de lo que estaban haciendo. Estaba horrorizado de lo que yo estaba haciendo. Pero luego la gente empezó a hablar sobre esas imágenes... entonces sentí que tal vez mis acciones no habían sido malas del todo. Ser un testisgo de eso tan horrible no era necesariamente una cosa tan mala de hacer


En 1993, y con  Joao Silva, visitó en avioneta la aldea sudanesa de Ayod. Querían trabajar en lo que los voluntarios llamaban “El Triángulo de la Hambruna”, en el sur de Sudán, donde el gobierno islámico estaba en guerra con las tribus Nuer y Dinka. Antes de irse, vio a un bebé desnutrido tendido en la arena justo en el mismo plano que un buitre, dos símbolos poderosos que representaban la mejor metáfora de lo que sucedía en aquel lugar en aquel instante, una de las catástrofes humanitarias más importantes del siglo XX.

Carter dejó Ayod sabiendo que había conseguido una gran fotografía y así fue. The New York Times la publicó días después con un efecto que él desconocía. La opinión pública se volvió contra él por no haber hecho nada para salvar a la criatura de las garras de ese buitre amenazante, llegando a acusarle de ser el auténtico carroñero de la foto. Un año después, en 1994, ganó el Pulitzer y se suicidó.

Nadie vio morir a aquel bebé y es la propia imagen la que desmiente ese destino trágico, al menos en parte, ya que la criatura de la foto lleva en su mano derecha una pulsera de plástico de la estación de comida de la ONU, instalada en aquel lugar. Si se observa la foto en alta resolución, puede leerse, escrito en rotulador azul, el código "T3".

A Carter se le criticó por no ayudar al bebé y el mundo le dio por muerto a pesar de que el propio Carter no lo vio morir, sólo disparó la foto y se fue minutos después. La realidad es que ya estaba registrado en la central de comida, en la que atendían enfermeros franceses de la ONG Médicos del Mundo.

Florence Mourin coordinaba los trabajos en aquel dispensario improvisado: "Se usaban dos letras: "T", para la malnutrición severa y "S", para los que sólo necesitaban alimentación suplementaria. El número indica el orden de llegada al feed center". Es decir, que Kong tenía malnutrición severa, fue el tercero en llegar al centro, se recuperó, sobrevivió a la hambruna, al buitre y a los peores presagios de los lectores occidentales.

Con esa premisa, y la posibilidad de que la criatura siguiera viva a pesar de la hambruna y la guerra, Crónica (de el periódico El Mundo) ha viajado a Ayod 18 años después para reconstruir la historia de aquella fotografía.

Después de varias reuniones con decenas de habitantes de la aldea, una mujer que repartía comida en aquel lugar hace 18 años llamada Mary Nyaluak dio la primera pista sobre el paradero de la misteriosa criatura. "Es un niño y no una niña. Se llama Kong Nyong, y vive fuera de la aldea".

Dos días después, aquella pista llevaría hasta la familia del pequeño, cuyo padre identificó al pequeño y confirmó que se recuperó de aquella hambruna pero que murió hace cuatro años de "fiebres".

Kevin Carter

Kevin Carter (Johannesburgo 1960 - 1994)

La opinión pública entendió la foto como una alegoría de lo que sucedía en Sudán: Kong era el problema del hambre y la pobreza, el buitre era el capitalismo y Carter era la indiferencia del resto de la sociedad. La crítica se cernió contra él e intentó justificarse, alegando que el niño hacía sus necesidades, que la tribu se encontraba a unos 20 metros de él y que el animal esperaba su ración de comida.

Tras ello, pasó de reportero a fotógrafo de naturaleza. Sufrió dos duros golpes: por un lado, la presión de la crítica y por otro el asesinato de su amigo Ken Oosterbroek el 18 de abril  de  1994 1, mientras cubría un tiroteo en  Tokoza  T  (Johannesburgo). Se dice que años antes intentó suicidarse, que fumaba White Pipe, una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos, que tenía graves problemas familiares y una personalidad algo desordenada (perdía sus carretes en aviones y aeropuertos), que era depresivo y tenía una vida caótica, con un sinfín de experiencias trágicas.

El   27 de julio de 1994  Carter llegó al río de Braamfontein Spruit, cerca del campo y el centro de estudios, un área donde él jugaba de pequeño y se suicidó, tras pegar con cinta un extremo del tubo de escape de su camioneta. Finalmente, murió de intoxicación por monóxido de carbono  los 33 años.


A Tribute To Photographer Kevin Carter:

 



Fuentes :


http://www.filosofiaintegracion.com

http://en.wikipedia.org/wiki/Kevin_Carter

http://www.pulitzer.org/awards/1994

http://www.elmundo.es

http://en.wikipedia.org/wiki/Bang-Bang_Club

http://www.enfoca2.com/index.php?topic=3287.0

http://rocko.blogia.com/2006/060702-kevin-carter.php



Comentarios   

 
0 #1 yoyoyo 27-02-2011 19:13
Somos muy rápidos en juzgar a los demás. Tengo claro que además de hacer la foto también hay que dar de comer. Digo "además", no "en vez de". Somos trabajadores pero antes somos personas y para mí la solidaridad está impregnada en toda mi vida, también cuando llevo la gorra de trabajador. No siempre es fácil acertar y mucho menos en casos extremos se tienen los medios para arreglar toda las situaciones dramáticas a las que nos enfrentamos. Eso sí, no creo que desde fuera se deba juzgar.
Un abrazo, Isa.
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