LUNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2011 – PART FIRST
Última actualización el Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 16:01 Escrito por Isabel Martes, 13 de Diciembre de 2011 17:23
"Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabaje, más suerte tengo."
(Thomas Jefferson)
Lunes, 12 de diciembre de 2011
Esta fecha marca otra etapa de mi vida. ¿Se os ha ocurrido hacer alguna vez un listado de fechas con acontecimientos que te han vuelto del revés. Pues es muy curioso. Yo si lo tengo, aunque procuro no mirarlo mucho porque está lleno más de cosas penosas que de acontecimientos felices que, si, que los hay obviamente.
Pues esta fecha significa para mí el final de casi 36 años trabajando para la Administración y el comienzo de otro tipo de vida y de trabajo.

Edificio público de cualquier lugar de España
Increíble
cómo pasa el tiempo. Todo parece que fue ayer.
Mi vida laboral, excepto la del último año y medio, ha sido buenísima. He trabajado a destajo, siempre por debajo de mi cualificación funcionarial pero por encima de ella, cobrado menos de lo que debía, pero lo que más agradezco ha sido el propio trabajo y la gente con la que he estado; funcionarios/as cuya prioridad ha sido siempre el servicio a la función pública, o sea, del ciudadano.
En estos casi 36 años no he tenido muchos jefes: cuando se iban de un sitio, me llevaban con ellos y entre todos, que ya digo que han sido pocos, tengo que destacar a la segunda, Carmen de Miguel y a la penúltima, Marisa Poncela con la que he estado 15 años por lo menos y de las que he aprendido todo en todos los sentidos.
La última, Beatriz de Otto, la perdimos desgraciadamente un 31 de diciembre va ya para dos años. Todas ellas trabajadoras incansables, educadas, asertivas, buenísimas jefas que delegaban y que te recalcaban los aciertos y obviaban los errores.

Restaurante donde almorzamos un grupito
En este último año y medio no he estado mal, pero no he estado en mi “sitio”. Y eso me descolocó un poco. Me tuve que marchar/me invitaron a irme de la secretaria de un Ministro debido a una serie de personas que trabajan allí y de las que fui objeto de un presunto acoso laboral o mobbing que casi acaba conmigo y que todavía no lo entiendo. Creo que ya lo he explicado en otro sitio, así que no me extiendo más en este punto. ATPC (con perdón).
Y en este nuevo sitio todo era nuevo y muy “administrativo”, con poca chance para la imaginación o solucionar problemas o situaciones imposibles, que es lo que a mí me gusta y lo que he hecho siempre. Pero la gente, estupenda, me ayudó mucho con mis dudas y problemas con el curro (que eran muchos) e incluso mi Carmelilla y mi Belenchi aguantaron mis neuras y mis lloreras cuando las cosas me salían mal (es que no estoy acostumbrada a esto último, ejem, ejem).
Cuando decidí tomarme una “excedencia indefinida y voluntaria” (o sea jubilarme palabra que me estresa y detesto), me tuve que plantear cómo despedirme de la gente (se suele reunir todo el departamento, tu invitas a algo y ellos te hacen unos regalos) con la que ahora estaba. Todos y todas gente estupenda, pero que con la mayoría de ellos/as he tenido muy poca o nada relación puesto que la distribución del trabajo está muy personalizada y en realidad tenía que tratar con poco menos de media docena de personas de las alrededor de 40 que éramos.

El centro, precioso, de flores y el tarjetón me fue entregado por uno de los camareros cuando ya estábamos comiendo y la sala llena de gente. Yo me quería morir, que soy tímida caray, aunque no lo parezca.
Y por esta razón y porque además detesto ser protagonista de nada, después de pensarlo tomé una decisión. Le dije, obviamente, a la secretaria del jefe supremo que me iba pero que fuera discreta porque no quería fiestas ni despedidas. Gracias María, porque efectivamente fuiste muy discreta.
En El Rocío compré 8 llaveros (hay 8 tíos) y 30 monederos de varios tamaños para el resto, todas chicas. Los envolví todos cuidadosamente, los metí en una bolsa y los reservé.
A principios de noviembre (mi último día de trabajo era el 30 de ese mes), les dije a mis compañeras más cercanas que me iba, que les rogaba no dijeran nada a nadie y que quería invitarlas a comer ese día, que no se compromieran en esa fecha precisamente. Como así fue y creo que nos lo pasamos estupendamente. Al menos yo, porque no faltó nadie, lo que fue enormemente gratificante para mí y el ambiente fue muy agradable en todo momento. También había un regalo para cada una de ellas y el encargo a Ana Soledad, que lo hizo estupendamente, de que al día siguiente fuera despacho por despacho dándoles a cada uno el regalito comprado en el Rocío y cuya bolsa estaba guardada en un armario del despacho. Gracias Ana, porque fue un marrón que encajaste perfectamente. Es que tu lo vales, tía.

El tarjetón, por dentro, estaba bien currado, con fotos y dedicatorias. Es genial. Lo guardo como oro en paño.
El mismo día 30 puse un e-mail, retardado, a todo el mundo, despidiéndome, disculpándome por mi forma tan poco ortodoxa de hacerlo, dando mi nuevo correo, las gracias por la ayuda que obtuve de todos ellos en algún momento puntual, etc., etc.
Y así fue. Posteriormente he recibido unos correos emocionantes de muchos de mis antiguos colegas, que me han hecho replantearme que no era tan “mala” como me hicieron casi creer en la secretaría del Ministro.
No voy a nombrar a nadie, porque seguro que me dejo a alguien en el tintero pero, de verdad, sois todos estupendos, responsables, trabajadores y con mucho futuro por delante porque, encima, sois la mayoría jodidamente jóvenes y preparados. Ayssssssssss.
Y yo que lo vea, claro.


Comentarios
De momento ya he regresado a mis clases de Pilates que las echaba muchísimo de menos.
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.