fiestas navidad

AFRONTAR LA SILLA VACIA EN NAVIDAD

 

wiwichu a merry crismas wiwichu a merry crismas,

 wiwichu a merry crismas an a japy niu yir...

 

Es muy frecuente oír en estas fechas: Detesto la Navidad; ojalá pudiera dormir y despertarme el 2 de enero… ya viene el fastidio anual, a ver por qué tengo que cenar con mi cuñado/a que detesto y que no nos hablamos en todo el año… etc. A mí nunca me ha “molestado” especialmente la época de Navidad. Cuando mis hijos eran pequeños y yo ya estaba separada siempre hacíamos un viaje fuera de España y de Europa (por aquello de buscar el calor), y nos montábamos la navidad a nuestra manera. Fue estupendo mientras duró. Luego ellos se hicieron mayores, tuvieron sus parejas y sus hijos y los viajes se terminaron, aunque siempre tengo la esperanza de que los que ahora son niños crezcan y tengamos el dinero suficiente para marcharnos de viaje otra vez. Los sueños, sueños son.

En mi familia somos bastantes frugales y  no somos de exquisiteces a precio de oro en estas fechas como puede ser el marisco, el caviar o el jamón de pata negra,  aunque en esta época se suele hacer algún exceso si nos apetece, es insignificante comparado, muchas veces, con otros almuerzos o cenas de cumpleaños que hacemos. También hace tiempo instauramos el “Amigo Invisible”, con lo cual nos quitamos preocupaciones de encima y no vaciamos la Visa.