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"Es difícil dar una definición de la lealtad, pero quizás nos acercaremos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía en presencia de una obligación no definida" (G.K. Chesterton )

Llevo un par de meses con “cuestiones” familiares que me han desquiciado, preocupado, entristecido y deprimido en exceso. Todo el mundo tiene problemas y no pretendo ser la persona más desgraciada del mundo mundial ¡para nada!, sólo reflexionar y poner por escrito algunos de mis últimos pensamientos.
En estas vacaciones de Semana Santa en que he tenido bastante tiempo para pensar, recapacitar y tratar de llegar a conclusiones coherentes y objetivas. No se si lo habré conseguido pero mi decisión ha sido descargar la mochila que llevo a cuestas, que pesa demasiado y que en el fondo, parte de que esa mochila pese tanto es por mi culpa. Creo que no he sabido hacer bien las cosas: he pensado demasiado en los demás y bastante poco en mi misma, me he preocupado en exceso, reconozco mis meteduras de pata y he pedido perdón por ellas sin encontrar eco.
Desde los 16 años, fecha clave en la que sucedió algo que no viene a cuento (pero ocasionó la primera salida de “piedra” de mi mochila) he cargado con prácticamente con todos los problemas familiares, he sido el banco, el paño de lágrimas de nada y de todo y el punching bag que se llevaba todo los golpes y poca o ninguna satisfacción.
La primera semana de agosto del año 80 la recuerdo de maravilla. Estaba todavía casada, veraneábamos en Santander capital, en la casa de la familia política y tras la enésima discusión con el que fue después el “ex”, en la cocina (de aprox. 40m2 incluida la despensa) de la casa, me entró tal “tranquilidad” que metódicamente destrocé toda la vajilla y cristalería de la casa (imaginaros, que fue una familia de 10 hijos, así que estaba muy equipada), tirándola al suelo mientras me observaban con ojos atónitos, el futuro ex, mis cuñadas, los maridos de éstas y la muchacha de servicio y no se si alguien más. Los niños no estaban ese dia en casa. Simplemente me encantó el ruido que hacían platos,fuentes, vasos, copas, etc. al estrellarse contra el suelo.

Una vez roto todo lo rompible, lo recogí, me fui a mi habitación, me vestí para salir, me fui a la renfe, saqué un billete para Madrid y para esa noche, fui a un almacén, me gasté un dineral para reponer casi todo lo que había roto y que lo llevaran a la casa al dia siguiente. Volví, hice la maleta, le di un beso a mis hijos, me marché a la estación y al dia siguiente llegué a Madrid. En octubre me separé definitivamente.
Esta separación, durísima y larguísima, fue la segunda piedra familiar que quité de mi mochila.
Unos cuantos años después, y con sus motivos, quité otras dos piedras y ahora, en el año 2011, he decidido quitar otras dos, con lo cual la mochila se ha aligerado mucho y espero que no tenga que sacar ninguna otra piedra nunca más. Segurísimo que no.
No se si hago bien o no pero mi conciencia está muy tranquila aunque no estoy feliz de hacer lo que tengo que hacer, pero lo que no puedo permitir (después de mi trayectoria vital y familiar), es, sobre todo, la falta de lealtad. Virtud o como lo queráis llamar que es uno, sino el más, pilar más importante en mi vida.
Fuentes:
Foto de http://www.librodearena.com/
Foto de http://docentes.educacion.navarra.es
http://definicion.de/lealtad/
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