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UNOS DIAS DE DESCANSO, SEMANA SANTA DE 2011 |
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Estoy cansada, cansada, cansada. Muchísimo trabajo en el curro y otro tanto en una casa grande y tres perros. Y encima Voica, mi asistenta rumana de hace un montón de años, ha estado un mes en su tierra dejándonos más tiradas que un trapo. La pobre, es que tenía a su padre muy mayor y muy malito.
Pero más que cansada físicamente, que sí, lo estoy mentalmente. Aunque no lo pueda parecer, y menos en el internete, soy de lo más introvertido lo que quiere decir que yo me lo guiso, yo me lo como, y luego me dan los bajones más bajos del mundo y es que tengo muchos frentes abiertos.
En el curro, donde estoy ahora hace algo menos de un año, mejor que antes: no me gusta nada lo que hago, pero tengo unos compis estupendos, gano menos, pero dispongo de más tiempo libre y no estoy tan “comprometida”, porque desgraciadamente he aprendido (a la vejez viruelas) que, después de todo, ni agradecido ni pagado. Pero me da igual y cada vez que recuerdo el último sitio donde he estado me dan escalofríos, sobre todo por la gente que, con la excusa de que como dicen que necesitan el dinero, si pueden te la hacen y te deshacen. Y vive el cielo que lo hicieron pero, después de un tiempo de tristeza y desengaños, estoy más contenta que unas pascuas. Además en mi ya larga vida he podido comprobar que quién me la hace, normalmente la acaba pagando de alguna forma, así que en eso estoy muy tranquila. Ni olvido, ni perdono.
Las empresas con las que hablo ahora (normalmente por teléfono y alguna que otra visita), se deshacen dándome las gracias ¡por lo que es mi deber hacer!, y eso y otras cosas, me está haciendo recuperar la confianza en mí misma que casi había perdido en mi último lugar de trabajo por el acoso laboral o mobbing al que me vi sometida. Que les den. En esto soy más que mala, malísima.

Peregrinos o “romeros” haciendo el camino
Esto viene a cuento porque, excluido el trabajo, tengo varios frentes familiares y personales abiertos y estoy ya un poco cansada de “peliar”, como diría mi querida Chavela Vargas, así que S. y yo salimos el sábado bien tempranito para El Rocío, donde pasaremos casi toda la Semana Santa. Servidora, optimista ?¿ por naturaleza, ya tiene el bikini y la toalla en la maleta, un montón de libros y muchas muchas ganas de ver a mi gente de El Rocío. De este sitio ya habré hablado cienes y cienes de veces pero me da igual repetirme otra vez: es mi lugar en el mundo, donde descanso, me divierto, y me olvido de todo. Es como un agujero negro, pero para bien.
La otra parte del cuento es que necesito un poco de espiritualidad. Para mucha gente esto de la espiritualidad le sonará a cuento chino pero para mi, que nunca he sido católica prácticante, se ha convertido en una necesidad. Diría, exagerando, que necesito de esa espiritualidad de vez en cuando para sobrevivir. Espiritual me considero, pero también necesito de esa que sólo se encuentra en los sitios religiosos y aquí ya aviso que supongo que me daría igual cualquier clase de religión. Lo único es que he nacido en un país católico, fui bautizada a su debido tiempo, fui a un colegio de monjas, etc., etc., y así me emociono siempre que veo las caras de la gente que está en la Ermita visitando a la Virgen del Rocío.

Interior de la Ermita de El Rocío
Esto daría para todo un tratado sociológico: ves a madres y padres con un bebé de días de vida, en brazos, sonriendo con felicidad a la imagen presentándoles al bebé. Ves a algún discapacitado con cara de estar pidiendo un poco de compasión. Ves a gente de luto y llorosa mirando fijamente a la Virgen supongo que trasmitiéndole algún mensaje para algún ser querido que se ha ido de forma definitiva. Ves también a gente muy alegre y con cara de decir ¡EA, QUILLA, que ya he venido otra vez a verte¡. De momento suena una guitarra y una voz cantando, se hace un silencio total y los pelos, os lo aseguro, se ponen de punta.
Conoces gente con tragedias tremendas y que encuentran consuelo sentándose un ratillo en uno de los bancos. Ves a guiris que en vez de hacerle una foto a la Virgen se la hacen a los peregrinos o romeros que vienen de no se sabe dónde, sucios, sudorosos, llenos de polvo, con la rama de romero, enganchada al bastón que ayuda a andar por las arenas, y que se arrodillan con lágrimas en los ojos ante el altar.
Y así estaría un rato más, pero sólo quiero reflexionar sobre la necesidad en este mundo tan material, de creer, confiar o dejarse llevar por los sentimientos ante algo que sólo es cuestión de fé, independientemente de la religión que sustente esa fé. |
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QUIÉRETE UN POQUITO, POR FAVOR |
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En mis tiempos de ocio, que son pocos pero alguno hay, me gusta pensar en la vida que llevamos y en cómo nos sentimos. La mayoría de la gente que conozco, entre la que me incluyo, parece que vivimos en un estado permanente de disgusto, descontento, de infelicidad en suma. Mucha gente tiene sus motivos y algunos son bien graves como la muerte de un ser querido, una grave enfermedad propia o de alguien querido, una ruinosa vida económicamente hablando, una situación familiar grave, pero los más cercanos que conozco, entre los que también me incluyo, no tienen de hecho esos motivos para sentir tanta infelicidad.
Entonces pienso que los que fallamos somos nosotros mismos y de forma fundamental porque depositamos nuestras esperanzas y nuestra vida emocional en manos de los demás. No sabemos, probablemente porque no nos lo han enseñando, a ser independientes en relación con los demás si no a depositar nuestro posible bienestar en los demás, ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo… en fin, la gente con la que nos relacionamos en el día a día , así como tampoco nos han enseñado o aprendido a que nosotros tenemos que depender de nosotros mismos para cualquier estado emocional, no del estado emocional de los demás.
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Soy una completa inútil en manualidades. Y por estas entiendo desde reparar cualquier cosa que se estropee en la casa hasta colgar un cuadro o un adorno en la pared. Además siempre he pensado que si hay profesionales para hacer estas cosas ¿por qué tengo que hacerlas yo que además de no saber no tengo el menor interés por aprender?.
Lo único que se, porque no tengo más remedio, es utilizar cualquier aparato de la cocina y no exagero cuando quiero buscar un canal especial en el TV y le tengo que decir a S., ¡porfi, cómo se hace esto!...
En fin, cada uno vale para lo que vale ¿no?. Y yo para esto bien poco.
Este es el rincón de mi despacho con todos los elementos que se han estropeado de forma misteriosa y que, de igual forma, ahora funcionan.
Esto viene porque no doy crédito a lo que me ha pasado en las dos últimas semanas. En este tiempo todos, pero TODOS los días, en el trabajo han tenido que subir los informáticos a mi despacho. Cuando el scanner no hacía cosas raras, era la impresora, o el teclado que no escribía o el disco duro o el acrobat no me funcionaba, o no podía usar el DNI eléctronico o el monitor “se iba a dormir” Qué frase más simpática, oye.. Lo raro es que subían los informáticos, tecleaban algo en su ilegible lenguaje y no encontraban nada raro, pero a mí las cosas no me funcionaban. Se iban y funcionaban.

Este es el rincón de casa para trabajar. La pierna que se ve por un lado es la de S. que tiene unas formas muy peculiares para sentarse.
Pero lo malo no acaba ahí. En casa tenemos 4 ordenadores: dos de mesa y dos portátiles, uno para cada una. Pues bien, he tenido la suerte de estropear los dos míos que no tenían ni dos años de antiguedad. El de mesa es que se cayó al suelo cuando intentaba centrarlo y algo le pasa a la pantalla que arreglarlo cuesta casi 600 euros. El portátil es que ha tenido mucho tute el pobre. Se han caído la letra “m” y la “k”, pero funcionan si le das, aunque te quedas con un agujerito en el dedo. Pero la gota que colmó el vaso era que era imposible conectarse a internet. Apretamos todos las clavijas, enchufamos y desenchufamos todo lo habido y por haber y nada de nada. Ay Dios. Sin internet, sin correo eléctrónico, sin las últimas noticias de los periódicos. Too much for me.
Así que el sábado a primera hora fuimos al PC City a comprar otro, pero solo uno ¿eh?, el portátil lo llevo a arreglar ¡por estas!, impensable viajar y no llevarse el cacharro.
El nuevo ya está colocado y funcionando (gracias a S.) y ahora tengo que hacerme con él porque el Word tiene las teclas puestas en otros sitios. El Explorer es el 8 y yo tenía el 7. Ayssssssssssssss, qué difícil se hace todo con las cosas nuevas.
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Del blog, que se nos quedó pequeño, hemos pasado a esta web.que estamos construyendo (y no es fácil) con todo el amor del mundo. Esperamos sinceramente que sea un sitio vivo, dónde todos/as podamos aprender de todos/as.
Nos interesa cualquier tema y no desperdiciamos ocasión de compartir con quién quiera nuestros conocimientos y, como no, esperamos los vuestros.
Todo el mundo puede aportar algo: sólo hace falta un par de orejas (que tenemos), y escuchar (que sabemos), así como un par de ojos que sepan mirar (que lo hacen).
Hasta siempre.
La Una y la Otra |
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