Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad

'OÑAZO DE VIDA (a veces)

 

'OÑAZO DE VIDA (a veces)

 

Yo soy yo y mi circunstancia.

(José Ortega Y Gasset)

 

‘oñazo de vida, para qué nos vamos a engañar. Tengo vaguitis  XXL desde agosto. Lo achaco a que hizo mal tiempo y no me pude bañar en el mar tanto como hubiera querido, que a mí la playa me da la vida, y me pone las pilas. Tengo montones de recetas y de lecturas que subir a las webs y me da una pereza que me mata. Cambiar los armarios a la temporada de invierno ha sido un esfuerzo mortal,  todavía me falta algo y el veraniego octubre no me ayudó mucho.

Sin embargo tengo en mi haber varios y duros quehaceres durante el mes de septiembre y parte de octubre: mudanza de casa en El Rocío, una durísima liquidación de gananciales con mucho papeleo por medio (que no cunda el pánico, ha sido la ruptura de amistad con un par de personas), liquidación de afectos varios (esto agota ¿eh?) y creo que todo esto me ha puesto en estado off.

 

A la vez, en la visita periódica con mi loquero, éste me ha visto estupenda y no creo que sea coba porque es de pago, y cuanto peor esté más tendré que ir ¿no? jejeje. Me alivió bastante en varias de mis neuras como es el sentido de culpabilidad con algunos familiares y/o amigos, me recalcó la imperiosa necesidad que tengo de mirar por mí misma más que por lo demás y cerrar de una vez por todas el grifo económico a propios y extraños ahora que una venta inmobiliaria afortunada (no por dinero, más bien por la prontitud) ha aliviado mi angustia del “… por si acaso…”. Yo me entiendo.

Principalmente estuvimos hablando de la ingratitud, de que eso de que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha nada de nada, que realmente el 99% de las personas no van a valorar nuestra generosidad por muy desinteresada que sea así que es mejor pensárselo dos veces antes de abrir la mano, que no hay que ser una santa/o vaya, que para lo que vamos a recibir de vuelta… sobre todo cuando nuestro propio bolsillo anda quejoso.

También le expresé mis quejas porque, a mi ya provecta edad, todavía tengo la ingenuidad de los veinte lo que supone que me las dan por todos los lados y me sigue sorprendiendo el comportamiento de propios y extraños. Un lío que me provoca dolor de cabeza y muchos sentimientos encontrados.

Supongo que la afirmación de un novio que tuve a los 16 años y que me dejó porque “leía mucho” (yo) es cierta: cuanto menos se piense mejor y cuanto menos se analice, superior. Ainsssssssssss, qué habrá sido de aquel amor de adolescencia, que tal le habrá ido pensando lo que pensaba. Lo único que se, y de esto hace muchíiiisimos años, es que se había quedado calvo y le había salido tripita. Pobre.

 

 Fiódor Mijáilovich Dostoyevski (1821-1881)

En esencia estoy hablando de lo contradictorios que soy/somos los humanos, de los altibajos anímicos, de la estúpida (por inútil) búsqueda de la felicidad, de la necesidad de aprobación ajena, de las relaciones peligrosas, de la mediocridad y su contrario… Una lucha con desgaste que conforme pasan los años, pasa factura. Recomiendo la lectura de Dostoyevski en Apuntes del Subsuelo (Alianza Editorial, 2005) para descorazonarnos un poquito más. Esloquehay.

 

Comentarios   

0 #1 UTLA 23-11-2014 20:28
Curiosas palabras finales.

Y muy bien escritas.

La ingratitud es la plaga de este siglo, pero aún peor es hacer suposiciones. ^^

Buena reflexión.

Un abrazo.

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