Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad

Mi vida, mi desorden, mi problema

 

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

(Confucio)

 

Hace mucho tiempo que no me dedico a escribir. No publico recetas de cocina, ni comentarios de libros, ni sobre la vida. Nada de nada. Y aunque es algo que echo de menos, ni he tenido oportunidad, ni tiempo, ni ganas. En este mes de noviembre de 2015 hará un año en que se me propuso un cambio de ciudad: de Madrid donde llevaba 40 años viviendo (con algunos paréntesis) a Sevilla. A decir verdad no tenía muchas alternativas y sí las cosas claras: por una parte el sur es mi tierra, no ya porque naciera por aquí, es por el espíritu y el sentimiento que me produce la vida, la gente, el clima o la cultura (entendida ésta en sentido amplio) andaluza; por otra, mi maldita asertividad con la que tan mal me ha ido tantas veces, que hizo que me pusiera en el lugar de la otra persona que deseaba desesperadamente escapar, por muchas razones que no vienen al caso, de la ciudad en la que nació.

 

 

El pasado muy pasado

(mi hermana, mi madre y yo)

Decidido el cambio y durante los siguientes meses mi vida ha sido un caos: buscar casa (desesperante); alquilar una amueblada y pequeña (espantosa); hacer 4 mudanzas 4; vivir sin apenas ropa (se la llevaron casi toda por error al guardamuebles….); sin libros (es un decir, en estos 7 meses he acumulado una pequeña biblioteca), etc., etc. Y el caos no reside en la casa ni en la ropa ni en los libros, reside en el desorden de vida al sentir mis cosas personales desperdigadas por todas partes: en Madrid, en El Rocío, en Sevilla, en la nave de unos amigos… y en la provisionalidad de sentir que estás, aunque sea temporalmente, en un lugar que no es el tuyo porque tengo un enorme apego por las cosas más tontas: mi cocina con todos sus cacharros, mi biblioteca, aquel cuadro que me regalaron hace siglos, una máscara tribal que compré en Senegal, una foto que me hicieron hace años en Fort Lauderdele, con Jacko y Jannis, los dos bóxer de uno de mis hijos y que hace mucho tiempo que ya no están con nosotros…

Una casa, mi casa, la que fuera, ha sido siempre un refugio y un lugar donde he considerado siempre que es parte de mi vida. Recuerdo casi con exactitud dónde compré cada cosa y por qué, quién me regaló ese objeto que miro con cariño, por qué puse esta mesa aquí y no allí… Mi casa además de refugio es una parte de mí, de lo que quiero conservar, de lo que quiero ver cada día, de lo que no me quiero olvidar nunca.

 

 El pasado lejano

(mis cuatro hijos y yo)

Al final la encontramos y, aunque ni remotamente es como la de Madrid, es bonita, acogedora y cómoda. Después de algunos pocos arreglos hicimos la mudanza el 22 de septiembre y es a fecha de hoy cuando todo está ya prácticamente en su sitio, que no acabo de centrarme. Está todo casi ordenado pero al ser un lugar más pequeño el esfuerzo de decidir entre lo que tenías, lo que cabe y lo que hay que desechar porque no cabe me ha dejado exhausta.

Por otro lado, el abrir cajas es apasionante: se encuentran cosas conocidas, otras que jurarías no has visto en tu vida y otras que te hacen sentar en el suelo y recordar. En esto siempre he tenido un problema: los libros (por colocar en su orden) y las fotografías.

 

 Cuando ordeno libros me pierdo: estos que me gustaron tanto, otros que quisiera releer, aquellos que he olvidado pero que, al ojearlos, me entran ganas de volver a ellos. Ea, que tengo que hacer un esfuerzo para no entretenerme y ponerlos en su sitio.

Otro asunto son las fotografías. Dios, qué de ellas tengo y qué de recuerdos. Me veo a mí misma joven y monísima de la muerte .))), a mis hijos pequeños y adolescentes, los lugares a los que he viajado, las personas (ya alejadas o aún cercanas) con las aparezco feliz…

 

 

El presente

(Sevilla)

Pero ¡bomba!, lo más gordo que me he encontrado en esta mudanza ha sido una caja de plástico y hermética donde están todos los papeles de mi separación, divorcio y liquidación de gananciales, por este orden, así como una especie de diario que llevaba durante aquellos larguísimos años que duró el proceso (¿ 20, 25 años?) y que prácticamente terminó cuando el contrario pasó a mejor vida, en febrero 2015 hizo dos años (quéeeeeeeeeeee fuerte ¿no?). Tego el sentimiento de toda una vida enfangada: mis hijos crecieron, terminaron sus estudios, empezaron a trabajar, se casaron, tienen hijos…Yo hice oposiciones, trabajé duramente, me hice más mayor, me volví a casar… y todo bajo la permanente pesadilla de que el contrario volviera a aparecer en algún momento.

 Aquí sí que perdí casi una mañana releyendo los documentos que había guardado celosamente, sin poder abrir la dichosa caja por los malos recuerdos que me traía y hete aquí que, después de una limpieza de papeles sin interés o duplicados, se me ha ocurrido que podría dar forma (o no) a una especie de bio de aquellos años transcribiendo los escritos al juez de las dos partes, las contestaciones del mismo, las resoluciones, mis comentarios, el entorno social de los años 80 que no era ninguna tontería… Es decir, las vicisitudes reales de una mujer normal en unos años no normales, vistos desde el prisma de hoy.

El (precioso) futuro

(Paula y María, 6 años ahora)¿Qué por qué lo haría?. Bueno, es una forma de dar forma (valga la redundancia) al pasado, algo que dejar a mis hijos para que comprendieran mejor lo incomprensible, para que se reconciliaran (si es necesario) conmigo, con ellos mismos, con  lo que son hoy… Porque de lo que no tengo duda es que una familia rota es un drama para casi todos sus componentes y más si no eres uno de los protagonistas (padre/madre/hijos). Lo digo por propia experiencia.

 Una de las cosas buenas que tiene cumplir años (o no) es eso, que tienes un pasado y con lo bueno y lo malo que hubiera en él es lo que ha conformado el presente y probablemente una mirada hacia atrás sin acritud puede ayudar a entender mejor el día de hoy en el que, por muchos años que se tengan, por muchas experiencias vividas, siempre hay algo que te sorprende, que te inquieta o que no acabas de comprender en su totalidad. Es como un reto ¿qué me sorprenderá hoy?.

Quizás eso es por lo que nos aferramos a la vida.

  

Comentarios   

+1 #1 Jose 01-09-2016 09:50
Buenos días moderador, creo que tienes que salir del "Rocio" y pasarte unas vacaciones en el extranjero, o tu psiquiatra se va a poner las botas contigo.
Tu entorno es envidioso, no le va tu perfil de mujer intelectual, culta, guapa, conseguidora, exitosa e inteligente.
Tu ambiente andaluz está en su grado máximo de toxicidad.
Vuestro traslado a Sevilla me huele a maquinación sentimental más que a otras motivaciones.
No aceptes el reto de luchar y sobrevivir en ese entorno.
Un saludo

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